Lo que ocurre a miles de kilómetros en Oriente Medio podría sentirse pronto en la economía peruana. Cada vez que el conflicto en esa región se intensifica, los mercados internacionales reaccionan de inmediato, y uno de los primeros efectos suele verse en el precio del petróleo, un factor clave para la inflación y el costo de vida.
Las imágenes de misiles, ciudades bombardeadas y barcos militares en el Golfo Pérsico pueden parecer lejanas para América Latina. Sin embargo, los expertos advierten que una escalada militar en esa zona estratégica podría generar efectos en cadena en la economía global, con repercusiones directas para países importadores de energía como el Perú.

El petróleo: el primer termómetro de la crisis
Uno de los principales focos de preocupación es el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20 % del petróleo que se comercia en el mundo. Cualquier bloqueo o ataque en esa ruta podría afectar el suministro global de energía.
En medio de las tensiones, el precio del barril Brent volvió a superar los 80 dólares, lo que enciende las alertas sobre posibles presiones inflacionarias a nivel internacional.
El economista Humberto Campodónico, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, advierte que un eventual bloqueo en esa zona estratégica “afectaría drásticamente la oferta global de petróleo y gas”, provocando aumentos en los precios de combustibles y transporte que terminarían impactando en economías como la peruana.

Impacto directo en el bolsillo
Cuando sube el petróleo, el efecto suele sentirse rápidamente en combustibles, transporte, alimentos y energía.
El economista y exministro de Energía y Minas Jorge Montero señala que un escenario de mayor tensión internacional podría presionar las tarifas de combustibles y afectar los costos para hogares y empresas.
En la misma línea, Reyk Itakura, gerente de inversiones de AFP Integra, explica que el petróleo es el principal canal de transmisión de una crisis geopolítica.
“Cuando el crudo sube, el efecto se expande a toda la economía: inflación, mayores costos logísticos y expectativas de crecimiento más débiles”, sostiene.
China: el socio que podría enfriarse
Otro riesgo importante para Perú está en China, su principal socio comercial. El gigante asiático compra gran parte del cobre y los minerales peruanos, por lo que cualquier desaceleración en su economía tendría un impacto directo.
Si el encarecimiento del petróleo y la incertidumbre global reducen el crecimiento industrial chino, la demanda de metales podría caer, afectando al sector minero, uno de los motores de la economía peruana.
Estados Unidos y el comercio agrícola
El segundo mercado clave para Perú es Estados Unidos, destino de productos agrícolas como arándanos, uvas y paltas.
Una crisis energética prolongada podría elevar los costos logísticos y frenar el consumo, afectando las exportaciones peruanas.
El economista Hugo Perea, jefe de BBVA Research Perú, explica que en escenarios de tensión internacional los inversionistas suelen refugiarse en activos seguros, lo que fortalece el dólar y genera mayor volatilidad en las economías emergentes.
Un conflicto lejano con impacto global
Para Jorge Guillén, profesor de ESAN, el conflicto en Oriente Medio no golpea directamente al Perú, pero sí lo hace a través de los mercados internacionales.
“Si la guerra escala y afecta el precio de las materias primas o el crecimiento mundial, el impacto terminará llegando al Perú”, advierte.
En un mundo cada vez más interconectado, la distancia ya no es una barrera. Lo que sucede en los campos petroleros del Golfo Pérsico podría terminar reflejándose meses después en el precio del combustible, la inflación y el crecimiento económico del Perú.

