Lima vivió una de esas noches que quedan suspendidas en la memoria. La lluvia caía con insistencia sobre el coloso del José Díaz, pero nadie parecía dispuesto a moverse. Más de 30 mil personas aguardaban el inicio del concierto que prometía romance, nostalgia y un reencuentro esperado. Cuando las luces se apagaron en el Estadio Nacional del Perú, el murmullo se transformó en un grito unánime.
La guitarra marcó los primeros acordes de Desde cuándo y bastó un “¡Perú!” para desatar la euforia. No era solo un show: era una ceremonia emocional compartida entre un artista y un público que conoce cada verso de memoria.
Una noche de clásicos, complicidad y homenaje al Perú
El repertorio transitó entre baladas que marcaron generaciones y temas recientes que demostraron la vigencia del cantante. Canciones como A la primera persona, Mi soledad y yo y El vino de tu boca convirtieron el estadio en un coro multitudinario, mientras parejas, amigos y familias cantaban bajo la lluvia como si el clima formara parte del guion.
Uno de los momentos más celebrados fue la participación de la percusionista peruana Gisella Giurfa, destacada por el propio artista durante el espectáculo, lo que reforzó la conexión local del concierto.
La noche también tuvo espacio para colaboraciones simbólicas. Bésame, tema que interpreta junto a Shakira, resonó con fuerza, coreado por miles pese a la ausencia de la estrella colombiana.

El instante que selló la noche
A las 9:56 p.m., ocurrió la imagen que definió el concierto. Desde las primeras filas le alcanzaron una bandera peruana. El cantante la tomó, la desplegó y la ondeó sobre el escenario mientras gritaba: “¡Los amo, Perú!”.
El estadio estalló. Durante unos segundos, la música dejó de ser protagonista. Solo quedaron los aplausos, los celulares iluminando la noche y una emoción colectiva difícil de describir.
El clímax llegó con Corazón partío y No es lo mismo, canciones que transformaron el recinto en una sola voz. La lluvia seguía cayendo, pero ya nadie parecía notarla.

Un concierto íntimo en medio de la multitud
Más allá de la producción, pantallas y luces, lo que definió la velada fue su atmósfera emocional. Hubo humor, dedicatorias, silencios compartidos y miradas cómplices entre artista y público.
La gira “¿Y ahora qué?” demostró en Lima que su música no solo sobrevive al paso del tiempo: se renueva en cada escenario. El concierto dejó claro que la relación con el público peruano sigue intacta y que su regreso no fue solo un espectáculo internacional, sino un reencuentro afectivo. Hoy repetirá el plato también a estadio lleno.
Una noche lluviosa, sí.
Pero también una noche donde Lima volvió a enamorarse y donde por supuesto Show.pe estuvo presente.

